{"id":621,"date":"2025-02-06T13:29:16","date_gmt":"2025-02-06T12:29:16","guid":{"rendered":"https:\/\/warmongerthegame.com\/?page_id=621"},"modified":"2025-02-06T13:32:15","modified_gmt":"2025-02-06T12:32:15","slug":"el-ascenso-de-xiltharak","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/warmongerthegame.com\/index.php\/es\/el-ascenso-de-xiltharak\/","title":{"rendered":"El Ascenso de Xiltharak"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading has-xx-large-font-size\" style=\"text-transform:uppercase\">El Ascenso de Xiltharak<\/h2>\n\n\n\n<p>En el Valle de las Tejedoras una torre se alzaba contra la noche, una aguja de piedra negra erosionada por vientos malsanos y plagada de telara\u00f1as que reluc\u00edan a la luz de la luna moribunda. Sus muros eran suaves como la seda en algunas zonas, duros y espinosos como el exoesqueleto de una criatura imp\u00eda en otras.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Y esta noche, Xiltharak se preparaba para su gloriosa metamorfosis.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"717\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/warmongerthegame.com\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/VictimaTr-717x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-625\" srcset=\"https:\/\/warmongerthegame.com\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/VictimaTr-717x1024.png 717w, https:\/\/warmongerthegame.com\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/VictimaTr-210x300.png 210w, https:\/\/warmongerthegame.com\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/VictimaTr-768x1096.png 768w, https:\/\/warmongerthegame.com\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/VictimaTr-1076x1536.png 1076w, https:\/\/warmongerthegame.com\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/VictimaTr.png 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 717px) 100vw, 717px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>El aspirante estaba de rodillas sobre un altar de huesos fusionados por un \u00e1cido blanquecino que todav\u00eda chisporroteaba en la brisa nocturna. Sus ojos, febriles por d\u00edas de ayuno y droga de veneno destilado, brillaban con la luz de una devoci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de la raz\u00f3n. Su cuerpo, desnudo y cubierto de runas hechas con la sangre de aquellos a quienes hab\u00eda sacrificado, temblaba entre la agon\u00eda y el \u00e9xtasis.<\/p>\n\n\n\n<p>Las Sacerdotisas Ar\u00e1cnidas lo rodeaban, sus formas envueltas en t\u00fanicas de seda viva que parec\u00edan moverse con voluntad propia. Ojos adicionales se abr\u00edan y cerraban en sus frentes, y sus dedos, largos y articulados como patas de insecto, tamborileaban sobre el suelo en un ritmo hipn\u00f3tico.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014El capullo est\u00e1 tejido\u2026 la ofrenda est\u00e1 lista<\/em> \u2014susurr\u00f3 una de ellas, su lengua dividida en dos chasqueando con impaciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Xiltharak sonri\u00f3. Hab\u00eda hecho todo lo necesario. La red estaba completa.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ascender en la jerarqu\u00eda de las Tejedoras, deb\u00eda renunciar por completo a su humanidad. No bastaba con adorarlas, deb\u00eda volverse como ellas. Y para ello, hab\u00eda cometido lo que otros considerar\u00edan atrocidades, puesto que sus miras cortas no les permit\u00edan comprender la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera prueba fue el Sacrificio de los Ocho Lamentos. Durante ocho noches, hab\u00eda capturado habitantes de las Tierras Imp\u00edas, inocentes y guerreros por igual, y los hab\u00eda cosido vivos en capullos de seda oscura. No los hab\u00eda matado. No a\u00fan. En su lugar, hab\u00eda permitido que las Hijas de la Reina (peque\u00f1as ara\u00f1as del tama\u00f1o de una mano) los devoraran lentamente desde dentro. Sus gritos fueron c\u00e1nticos de armoniosa gloria para las Tejedoras.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda prueba fue la Muda de Carne. En la cima de la torre, bajo la luz p\u00e1lida del cr\u00e1neo viviente en el cielo, Xiltharak se arranc\u00f3 la piel de los brazos con un cuchillo de obsidiana, dejando al descubierto su carne roja y palpitante. Luego, las sacerdotisas tejieron una nueva piel sobre \u00e9l: un exoesqueleto de filamentos oscuros y endurecidos con secreciones del Gran Nido. Sangr\u00f3. Chill\u00f3. Se transform\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la prueba final, la que definir\u00eda su destino, estaba ante \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Las sacerdotisas le tendieron un cuenco de madera tallada con im\u00e1genes de la Madre Tejedora. Dentro, algo se agitaba. Eran los Huevos del Linaje Puro, engendrados en los abismos donde la luz nunca ha tocado el suelo. Peque\u00f1as esferas negras, relucientes, pulsando con vida imp\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014B\u00e9belo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Xiltharak no dud\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Se llev\u00f3 el cuenco a los labios y dej\u00f3 que los huevos resbalaran por su garganta, dejando un rastro pegajoso y fr\u00edo. Se trag\u00f3 cada uno, sintiendo c\u00f3mo descend\u00edan, c\u00f3mo se abr\u00edan dentro de \u00e9l, c\u00f3mo las larvas comenzaban a moverse.<\/p>\n\n\n\n<p>El dolor fue inmediato.<\/p>\n\n\n\n<p>Xiltharak cay\u00f3 de rodillas, convulsionando. Sus entra\u00f1as se retorcieron como serpientes atrapadas en un frasco. Sus huesos crujieron al expandirse, al cambiar. Sinti\u00f3 c\u00f3mo algo brotaba de su espalda, ocho ap\u00e9ndices nuevos, alarg\u00e1ndose con cada espasmo. Sus dientes se volvieron aguijones. Sus ojos se multiplicaron.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre que una vez fue Xiltharak desapareci\u00f3 en un mar de chasquidos y exudaciones viscosas. Algo nuevo naci\u00f3 en su lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el dolor se disip\u00f3, se levant\u00f3 con movimientos ajenos a lo humano. Sus piernas eran ahora patas quitinosas, y su torso estaba cubierto por una piel negra y brillante. Sus nuevas fauces se abrieron y dejaron salir un sonido incomprensible, ajeno, ancestral.<\/p>\n\n\n\n<p>Las sacerdotisas se inclinaron.<\/p>\n\n\n\n<p>La metamorfosis estaba completa.<\/p>\n\n\n\n<p>Xiltharak ya no era un simple disc\u00edpulo. Ahora era un Heraldo de las Tejedoras.<\/p>\n\n\n\n<p>Y su primera tarea como tal era expandir la Red.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus nuevas patas se movieron con agilidad inhumana cuando se lanz\u00f3 desde la torre, desliz\u00e1ndose por hilos invisibles en la noche. En la distancia, un grupo de carro\u00f1eros dorm\u00eda en sus guaridas miserables, ignorantes del destino que les aguardaba.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l tej\u00eda ahora los destinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ninguno escapar\u00eda de su telara\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Ascenso de Xiltharak En el Valle de las Tejedoras una torre se alzaba contra la noche, una aguja de piedra negra erosionada por vientos malsanos y plagada de telara\u00f1as que reluc\u00edan a la luz de la luna moribunda. 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