INHUMANOS
Las criaturas ultraterrenas son más abundantes de lo que se podría imaginar a simple vista. Los demonios son las más obvias de ellas, ya que se pueden ver entes alados surcando los cielos en cualquier punto, además de congregarse en gran número en las cercanías de la Boca del Infierno.
La peña del cuervo es otro ejemplo de nueva raza, pero con una entidad propia y una extensión en número que la hace diferenciarse de las criaturas inhumanas. Anidan en los picos más altos del paisaje sin quedarse mucho tiempo en un mismo sitio, transmitiendo sus mutaciones que se hacen cada vez más radicales en cada generación.
En sus antípodas están los discípulos de las tejedoras, cuya corrupción los ha apartado de la senda humana hace generaciones en busca de parecerse a sus arácnidos amos en un camino sin retorno a la locura.
CAMBIAPIELES
Temidos y odiados por igual, los Cambiapieles, también
conocidos como Cambiaformas o Híbridos, son individuos que
han sufrido alteraciones en su cuerpo debido a la exposición
prolongada a mutágenos durante generaciones. Sin embargo,
estas mutaciones han alterado hasta tal punto su código
genético que ha permitido a aquellos que han sobrevivido
trascender de las simples mutaciones y poder alterar su forma
y su cuerpo a voluntad, adoptando bien la forma de humanos,
bien la forma de bestias, o la de seres híbridos que alimentan
las pesadillas de los habitantes de las Tierras Impías.
Los Cambiapieles no tienen un aspecto homogéneo, pues
las mutaciones se desarrollan en cada individuo de una forma
distinta; los más común es que adopten aspectos o rasgos
de depredadores como lobos, osos, o grandes felinos, pero
también los hay con aspecto de aves, animales acuáticos,
reptiles, anfibios u herbívoros.
Si bien los Cambiapieles pueden integrarse hasta cierto
punto en las Tribus Humanas o en la Manada, su naturaleza
cambiante suele despertar recelo, miedo y desconfianza,
además de violencia contra ellos, por lo que es más habitual
encontrar tribus o clanes compuestos exclusivamente por
Cambiapieles que se agrupan más por necesidad de protección
que por en mero placer de estar entre los suyos.
De actitud nómada por naturaleza, hay algunos clanes que,
sin embargo, tienen unos territorios más definidos, como la
Manada de Agnes, un grupo de hombres lobo que se creen con derecho exclusivo a vagar por las Marismas de la Locura, o los
habitantes de los Colmillos, cerca de los túmulos de Cragmora,
que en realidad son un extenso clan de licántropos jabalíes.
DEMONIOS

Las huestes de Bal son incontables y su influencia impregna todo este lugar. La Boca del Infierno escupe un sinfín de criaturas de maldad inenarrable, un desfile de infernales malévolos, retorcidos y nefarios que sólo buscan el placer de la destrucción en sí misma. Nadie quiere cruzarse en el camino de estas entidades de destrucción.
Desde entidades colosales que devoran almas por centenares hasta diablillos traviesos que gastan bromas insoportables, pasando por tentadoras súcubos o entes incorpóreos, los demonios pueden adoptar infinidad de formas, tamaños y apariencias. Todos ellos buscan causar daño, engañar y matar, obteniendo su mayor recompensa cuanto más alta la traición o la desesperación final de sus víctimas.
Bal no tiene un plan a largo plazo. De momento se contenta con juguetear con esta nueva tierra que despierta su deleite al carecer de cualquier atisbo de salvación. Cuando por fin se aburra, la Boca se abrirá del todo para engullirla.
DISCÍPULOS DE LAS TEJEDORAS

Por increíble que pueda parecer, los Discípulos de las Tejedoras fueron antaño humanos, pero el tiempo y sus rituales oscuros los han corrompido hasta un punto de no retorno, donde ya no pueden ni siquiera recordar sus orígenes humanos. En sus mentes distorsionadas, esas colosales y horrendas arañas infernales que habitan las grietas y sombras de grutas y valles, son seres sagrados, encarnaciones divinas del poder y la gloria suprema.
A través de un sinfín de rituales impíos, los discípulos buscan imitar a estas deidades monstruosas, anhelando en cada acto de autolesión y sacrificio acercarse un poco más a la monstruosidad divina que veneran. Sus ceremonias son tan macabras como impensables: ingieren la sangre tóxica de las tejedoras, descomponiéndose desde dentro en un agónico proceso de “purificación”; se amputan miembros sin vacilación para coserse patas de arañas gigantes, integrando en sus cuerpos lo que consideran símbolos sagrados de poder y cercanía a sus diosas. En una muestra de entrega absoluta, algunos discípulos permiten que las tejedoras pongan sus huevos dentro de sus cuerpos, susurrando alabanzas y plegarias mientras las crías parasitarias se desarrollan en su interior. Para los más devotos, incluso el acto de convertirse en alimento para las tejedoras es visto como un último sacrificio: creen que, al ser devorados, renacerán en la siguiente camada, encarnados en el cuerpo de una cría arácnida, alcanzando así la comunión definitiva.
Allí donde otros seres han sido moldeados por mutaciones hasta convertirse en algo más que humano, los discípulos de las tejedoras, a través de atrocidades transmitidas de generación en generación, han descendido voluntariamente cada peldaño de una escalera en espiral hacia la abyección. Han renunciado a cualquier vestigio de humanidad y se han entregado a una depravación que los lleva cada vez más cerca de la locura y la condenación. Es en este ciclo de devoción y mutilación donde su humanidad se disuelve, dejando solo cascarones retorcidos que, con el tiempo, pueden llegar a ser indistinguibles de las monstruosas deidades que tanto veneran.
PEÑA DEL CUERVO
Grimna gobierna con determinación a las diversas tribus de la Peña del Cuervo. Es un córvido de varias generaciones y sus mutaciones habrían matado a casi cualquier otro humano. Controla a otras aves, pudiendo hablar con ellas para que actúen de mensajeras o porteadoras. Quienes lo conocen mejor afirman que posee más poderes, lo cual está empezando a granjearle la categoría de semidiós.
Busca obtener la supremacía sobre el resto de las razas de dos patas ancladas a la tierra, y donde éstas gritan “¡Cielos malditos!” para mostrar indignación, sorpresa o lanzar una maldición, los guerreros del cuervo graznan en su atroz lengua de chasquidos un “¡Muerte celestial!” antes de lanzarse en picado al ataque.

Grimna sabe que el Aquelarre guarda muchos secretos y que es una fuerza a tener en cuenta. Sus numerosos espías aéreos siempre tienen ojos puestos en las idas y venidas de estas mujeres, a pesar de todos sus esfuerzos por ocultar sus actividades. Grimna ve, escucha, sopesa y calla. Su siguiente movimiento ha de ser perfecto.


