TRIBUS HUMANAS

Los humanos mantienen un delicado equilibrio con las demás criaturas de las Tierras Impías. Su número no es muy elevado y deben agruparse en clanes, tribus o caravanas para obtener la protección del grupo. Su tecnología es rudimentaria y muchos de ellos ni siquiera han descubierto la forja del hierro, limitándose a una vida trashumante en la que no cabe nada que no se pueda transportar.

No parecen tener un idioma común, aunque todos ellos se las apañan mediante palabras muy similares o mímica si se encuentran dos grupos muy dispares. Algunos de los asentamientos más permanentes han llegado a desarrollar un lenguaje escrito que les facilita los intercambios, sobre todo a la hora de llevar registros de alimentos, inventarios e intendencia básica. Estas runas rudimentarias se usan además para señalar caminos o marcar peligros en las zonas agrestes, dejadas allí en rocas y árboles por los exploradores como advertencia a quienes los sigan.

Hay muchas tribus, grupos de poder y clanes de humanos en las Tierras Impías, en su mayoría separados, fraccionados o aislados del resto. A continuación se introducen los principales en el juego de poder de esta región.

DEVORADORES DE CADÁVERES

Los Devoradores de Cadáveres viven principalmente en las cavernas de la Cordillera de Sangre, aunque sus miembros se extienden por cualquier parte del subsuelo, ya que no es extraño que algún clan se quede aislado bajo tierra de los demás por el paisaje cambiante.

No buscan la expansión ni la gloria, como el Rostro Negro, ni tampoco tratan a las Brujas con más devoción que un sano respeto por sus poderes. Se contentan con procrear bajo tierra y saciar su hambre eterna con carne humana que también alimenta a su reina-diosa, la Reina del Odio. Su dieta caníbal y el agua sulfurosa de los manantiales subterráneos sin duda ha mancillado sus cerebros más allá de cualquier recuperación posible.

Los cultos que llevan a cabo en las cuevas son algo nauseabundo de contemplar, siempre relacionados con algún sacrificio ritual o ceremonias de fertilidad, en las que se utilizan a las parideras de la tribu (mujeres abotargadas y cebadas a semejanza de su Reina del Odio, que apenas pueden caminar) como simples objetos a los que fecundar.

Su carne está marcada por rituales de escarificación que les confieren un aspecto cruel a sus cuerpos fibrosos, mientras que sus dientes se afilan como parte de sus ritos de madurez. También se pintan con pigmentos terrosos y son maestros de la emboscada.

REPUDIADOS

Como su propio nombre indica, los Repudiados son parias que no tienen ningún lugar al que considerar hogar ni clan al que llamar familia. Han sido expulsados de sus lugares de origen por algún mal, superstición o castigo, y sólo tienen la compañía de otros como ellos. Nadie da la cara por ellos, ni ellos están dispuestos a dar su confianza a la ligera.

Sus bandas se forman y deshacen según su necesidad, pero si sobreviven lo suficiente llegan a crear grupos estables que protegen a todos sus miembros por igual. En ese sentido son una rara avis en las Tierras Impías, ya que sus comunidades son bastante igualitarias y tolerantes para con sus miembros. Incluso en sus ritos funerarios se nota cierta empatía, ya que sus enterramientos tienden a ser los más cuidadosos. No se limitan a arrojar a los cadáveres a una sima, sino que les preparan ajuares y utensilios para acompañarlos en su viaje.

Su vida suele ser efímera, brutal y espartana. Comercian para obtener sobre todo comida, pero también objetos de uso diario y en especial armas de mejor calidad que las que se pueden fabricar ellos en sus campamentos nómadas. Tatúan a sus miembros con runas que adoptan como nombre y que ponen de manifiesto su mejor aptitud: Cazadora, Raudo o Comerciante son nombres comunes.

SJEVERNI

Los Sjeverni (se pronuncia Siéverni) son un pueblo remoto de más allá de las Marismas de la Locura. Son altos, de piel pálida y largas melenas tanto en hombres como en mujeres. Se visten con pieles, ya que dicen que en su tierra abunda un elemento conocido como “nieve”, que cae del cielo y hiela a plantas, hombres y animales por igual, cubriendo el paisaje de un manto blanco.

En el resto de las Tierras Impías cualquier cosa que caiga del cielo es vista como algo diabólico, así que quienes vivan en un lugar con esa “nieve” no pueden ser mejores que los demonios. A los Sjeverni se los considera, pues, mentirosos o peligrosos. O quizá ambas a partes iguales.

Son un pueblo cerrado, aislado, que sólo abandona sus lugares de origen por una buena razón. Alimentan todas las leyendas que circulan sobre ellos y disfrutan en secreto con las miradas de extrañeza o temor que despiertan con sus capas, barbas y cabelleras, además de tener dificultades para comunicarse con otras tribus porque su dialecto es muy diferente a cualquier otro.

No les preocupa en exceso nada de lo anterior, ya que valoran su privacidad y desean tener tan poco contacto con los forasteros como sea posible.

TRIBU DEL ROSTRO NEGRO

La más belicosa de todas las tribus conocidas de las Tierras impías es la del Rostro Negro, humanos violentos que no conocen más que la guerra y que sólo respetan el poder y la autoridad de las brujas del Aquelarre. Muchas veces luchan por cumplir su voluntad, transmitida a uno de sus caciques que obedece sin cuestionar, pero también es frecuente que guerreen con sus vecinos por territorio, recursos o prisioneros.

Las enseñanzas de las Brujas les han imbuido de un temor hacia el cielo, el lugar de donde cayó el fuego que exterminó a toda su raza en el pasado, por lo que adoran la tierra y a todas las criaturas que brotan de ella, ya sean muertos vivientes o demonios del averno. Conocen a Bal, aunque en realidad lo temen más que lo adoran. Sus escasas plegarias son al Aquelarre y sus maldiciones se dirigen a los cielos que los traicionaron.

Reciben su nombre por la extraña máscara oscura que oculta sus caras, un ritual de madurez que sólo conocen los miembros de la tribu y que tiene como resultado cubrir las facciones de los guerreros para convertirlos en seres anónimos (más allá de su sexo evidente). Sólo los ancianos y niños parecen libres de este rasgo, y quien se niega a superar el ritual de la máscara llegado el momento será castigado o incluso expulsado para unirse a los Repudiados.

Son degenerados, iracundos y no otorgan ningún valor a la vida humana: son peones resignados a llevar una existencia breve y sangrienta, con la única esperanza de un atisbo de poder y gloria en este mundo pasajero. El Desangrador, su cacique actual, aspira a dejar una violenta huella antes de que llegue su hora.

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Warmonger
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